26 de mayo de 2014

Corzo, daños en plantaciones forestales

El Corzo (Capreolus capreolus) es un animal muy favorecido por el paisaje en mosaico que ha generado el ser humano en amplias zonas de Europa, donde se alternan parcelas forestales donde encuentra refugio y prados de siega donde encuentra su alimento. Esto unido al exterminio del lobo (Canis lupus) y el lince europeo (Lynx lynx) en la mayor parte del continente europeo, ha generado densidades de corzos muy elevadas. En el País Vasco ha pasado de ser una especie muy escasa y restringida a determinadas zonas a muy abundante en la mayor parte del territorio. En el "Atlas de los Vertebrados Continentales de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa", publicado en el año 1985, puede leerse: "desapareció de su territorio en el siglo pasado. En la actualidad, se encuentra localizado en la parte más occidental de Álava y Vizcaya en áreas limítrofes con Cantabria y Burgos. En la zona oriental de Guipúzcoa se ha localizado la aparición de esta especie de forma esporádica, procedentes, sin duda, de las poblaciones que se asientan en áreas próximas en Navarra. No existe, sin embargo, la certeza de su presencia continuada en Guipúzcoa". En la fotografía, del 4 de abril de 2014, un macho con cuernas en Orozko.
En el artículo, publicado en el año 2009, "Roe deer population and harvest changes in Europe" sus autores dicen que es el cérvido más abundante en la mayor parte de Europa y que tiene una creciente importancia económica, cultural y ecológica. El censo primaveral de corzos europeos ha pasado de 6.201.665 en el año 1984 (1,55 ejemplares/km2) a 9.536.735 en el año 2005 (2,22 ejemplares/km2), lo que equivale a un aumento del 53,77%. En estos 20 años se ha pasado de 1.727.513 ejemplares cazados en el año 1984 (el 27,86% del censo primaveral) a 2.746.971 ejemplares cazados en el año 2005 (el 28,81% del censo primaveral), lo que equivale a un incremento del 59,01%. La densidad de corzos y el número de los cazados se ha incrementado en casi toda Europa, pero especialmente en su parte occidental. En estos 20 años la densidad de corzos ha pasado de 3-6 ejemplares/kma 8-10 ejemplares/kmen los países europeos con mayores densidades (Alemania, Austria y Dinamarca). En Alemania en el año 2005 se cazaron 1.077.441 ejemplares, el 35,91% de su censo primaveral, donde en estos últimos 20 años su densidad aumentó un 46,34%, pero el incremento de los ejemplares cazados fue del 28,10%. En otros países el incremento de corzos ha sido aún mayor. En Finlandia su incremento ha sido del 200% en esos 20 años, mientras que el número de los cazados fue del 98,04%. También en Austria, Dinamarca, Luxemburgo y Suecia se ha registrado un mayor aumento del número de corzos que de ejemplares cazados, lo que, en ausencia del lobos y linces europeos (sus principales depredadores naturales), lleva al aumento continuado de sus poblaciones. En la fotografía, del 4 de abril de 2014, una hembra en Orozko.
En Bizkaia se alternan zonas que les sirven de refugio (plantaciones forestales) con zonas de alimentación (prados de siega) resultando un territorio especialmente favorable para los requerimientos ecológicos del Corzo. La ausencia de sus principales depredadores naturales ha favorecido un rápido aumento de su población. Si la densidad de corzos en Bizkaia fuera de 5 ejemplares/km2, estaríamos hablando de una población de unos 10.000 ejemplares. Si se cazase el mismo porcentaje que en el conjunto de Europa (el 28,81% en el año 2005), estaríamos hablando de 2.881 ejemplares. Y si sucediera lo mismo que en el conjunto de Europa, ni con ese número de ejemplares cazados anualmente se lograría estabilizar el número de ejemplares en el territorio de Bizkaia. En la fotografía, del 4 de abril de 2014, un macho de menos de un año en Orozko.
Los daños que provoca el Corzo se compensan económicamente en el caso de plantaciones forestales, explotaciones de frutales y viñedo, y explotaciones hortícolas al aire libre. En el caso de las plantaciones forestales, la cuantía de la compensación será de hasta el 100% en función de los árboles de la plantación que hayan resultado dañado, cuando el daño producido en las plantas sea de tal magnitud que haya producido la muerte de la planta o en su caso tal daño que haga el porvenir de la planta inviable o no comercial. Para poder acogerse a la ayuda se establece un mínimo de plantas afectadas por hectárea de un 10% del total de plantas. Para el ejercicio correspondiente al año 2014 se establece una consignación presupuestaría de 55.000 euros. En el caso del pino de Monterrey (Pinus radiata) la cuantía de la indemnización va desde los 3,17 euros por cada planta de 1 año hasta los 9,82 euros para plantas de 15 años. En el caso del eucalipto, va desde los 0,69 euros para plantas de 1 año hasta los 3,81 euros para plantas de 12 años. En la fotografía, una pareja de corzos en una plantación de pino de Monterrey.
Las escodaduras que realiza el macho con sus cuernas en árboles jóvenes con frecuencia terminan por matarlos al anillarlos completamente. La época en la que se producen más escodaduras coincide con el mes de marzo, cuando las cuernas pierden el terciopelo que las recubren durante su crecimiento, ayudándose para ello de troncos con un diámetro que no supere la distancia entre sus dos cuernas, sobre los que las frota con vigor. Sin embargo, también se producen escodaduras que emplean como marcas territoriales hasta el celo, que se produce en los meses de julio y agosto, e incluso después, hasta el desmogue de la cuerna, que tiene lugar en los meses de octubre y noviembre. En la fotografía, un pino de Monterrey muerto tras el descortezamiento completo de su tronco.
Detalle de una escodadura en un pino de Monterrey, donde se aprecian los restos de corteza seca en la parte inferior de la escodadura, ya que los corzos no se comen la corteza de los pinos.
Detalle de cómo permanecen sobre el pino escodado las tiras secas y revueltas de la corteza.
Las cabras domésticas también provocan daños parecidos a las escodaduras de los corzos. Pero si en el caso de los corzos, las cortezas descortezadas quedan adheridas sobre el tronco, en el caso de las cabras no sucede lo mismo, ya que lo que buscan las cabras es alimentarse de la corteza de los árboles que dañan. Por ello en año 1999 la Diputación Foral de Bizkaia prohibió el pastoreo de ganado caprino en los montes y áreas forestales, públicos o privados cuando perjudique el desarrollo de las masas arboladas naturales y artificiales y cuando se encuentren sin pastor. En la fotografía, un pino descortezado por una cabra en Orozko.
Además de las escodaduras, los corzos también provocan daños en las plantaciones forestales por ramoneo de la guía terminal de plantones. Esto habitualmente no provoca la muerte de los árboles recién plantados, pero sí una pérdida económica, ya que estos plantones generan multitud de guías terminales, que crecen todas a la vez hasta que una de ellas acaba por dominar sobre las demás, retrasando visiblemente el crecimiento de estos plantones respecto de los no afectados por el corzo.

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